El mago de Oz

He terminado de leer EL MAGO DE OZ, porque me apetecía y porque sí. Porque necesito muchos cuentos para mis niños.
Y venía pensando en lo fantástico que es un mundo fantástico donde los leones, los hombres de hojalata y los espantajos hablan, bailan, luchan, sienten..., cuando me he cruzado con una chica de metro cincuenta, flequillo imposible y zapatos de charol blanco brillante. De hecho, aún me duelen los ojos.
He mirado a un lado y a otro a la espera de que apareciese la bruja del Norte, pero sólo he visto a los chavales de Escolapios camino del cole. Y ese colegio en concreto no se parece en nada a Oz, ni es brillante ni verde.
A los chavales les ha pasado como a mí: se han quedado boquiabiertos con los zapatos de la chica de flequillo imposible. ¡Menudo brillo! Como los zapatos de cristal de Dorothy.
Sin quererlo, o tal vez movidos por los resortes infantiles, diez o quince personas nos hemos puesto a dar saltitos como si de repente todos los caminos llevasen a Oz, "la-la-la-la", cantaba uno. "Tra-la-ra-la-ra", bailoteaba el otro.
Y la chica de los zapatos brillantes no se ha dado por aludida, apenas ha seguido caminando sin hacer caso al revuelo que había causado a su alrededor, provocando que las gente fuera feliz por un instante, llegase bailando a sus destinos y lo viese todo de color verde, como si llevasen puestas gafas mágicas.
La mañana ha sido color de esmeralda por un instante.

3 comentarios:

Laura dijo...

Pásame un poco de eso que te hace ver cosas verdes, que aquí los días sólo son grises!

Anónimo dijo...

Estimada Laura, ha sido cosa de la chica de los zapatos. Y me da que de zapatos sabes más tú que yo...Pero nada, nada, desde aquí te los mando. FIUUSSSSS
(YO)

Laura dijo...

Siempre pensando en los detalles, gracias!