Sin tele ni brasero

Hoy es uno de esos días de refugiarse porque la tormenta que amenazaba cayó.
Pero las casas ya no están preparadas como antes: no hay velas, no hay braseros; ni siquiera la tele nos da un respiro y desaparece, y los técnicos de Madrid (o del otro lado del Océano) aseguran que ellos sí la ven y, por lo tanto, nosotros también.
Pues nada, apaga, vuelve a encender y...bendita Televisión Digital.
Anoche vi un fuego, olí a caucho quemado y luego en La Roda un concierto más bien soso.
Esta mañana he visto bomberos, una nave a punto de caerse por el peso de las cenizas, policía y decenas de personas desyunando fritos a las diez y media de la mañana.
El mundo se mueve, independientemente de mí, del fuego o de las nuevas tecnologías.
Aunque lo más curioso es que, en según qué casos, si salta la chispa, el mundo se puede parar, con nuevas tecnologías, conmigo dentro y sin brasero.

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