Un burro junto a una piscina

Mi hijo número dos se lanza a la piscina y dice: "Allá voy" con su lengua de trapo, mientras yo miro de reojo al hijo número uno que juega con el agua en la boca haciendo ruiditos, tragando y tosiendo.
La Musa sonríe desde el otro lado de la piscina y yo trato de quitarme el pelo de los ojos y me pregunto cómo lo harán las mujeres (siempre he envidiado su facilidad para hacerse recogidos y quitarse el pelo de los ojos en la piscina o la playa).
La perra de mi hermana ladra y envidia los zarpazos que damos los tres ventayovski al agua, su intención es lanzarse al agua pero un temor inteligente se lo impide.
Es una tarde como cualquier otra.
La Musa me dice que aproveche porque este año no tendré más vacaciones que las que estoy disfrutando con mis hijos en una piscina robada, prestada y con olor a infancia.
De repente un burro rebuzna, hijos número uno y dos imitan el sonido, se ríen con fuerza y tragan agua al mismo tiempo, mientras su madre cabecea desde el exterior y yo peleo con el flequillo.
Es una tarde como cualquier otra.
A la hora de la merienda los tres salimos del agua, mi café es largo, ellos llenan sus vasos de leche de galletas y no se mueven de la silla hasta que no queda ni rastro. Yo apuro hasta que veo mi destino en los posos del café.

No hay comentarios: