El dulce néctar

Cuando no sé de qué escribir, escribo sobre escribir.
Qué tontería.
O de leer.
Leyendo un libro que no me convencía opté por dejarlo en la estantería hasta nueva ocasión, y recordé las palabras de un gran escritor entrado en años que decía en una entrevista que no leía cosas modernas ni perdía el tiempo leyendo cosas nuevas porque como le quedaba poco tiempo, no quería perderlo co novedades que probablemente no le gustarían. De hecho, releía clásicos.
A mí no me pareció mal del todo, pero claro, dándole vueltas al asunto me dije: "¿Y todas las recomendaciones que me han hecho mis amigos? ¿Y todos los libros y tebeos que he comprado por la portada, por un comentario en el periódico o en la web?".
Demasiadas cosas me dejaría en el tintero como para releer a los clásicos solamente.
Por otro lado, ¿cuál es mi idea de clásico?
O, ¿cuál es mi idea de imprescindible? Porque obras maestras conozco bien pocas, la verdad, será por personalidad. Sí es cierto que he leído algunos libros, no muchos, hasta cuatro veces, pero son los menos y, desde luego, no tienen 700 páginas. Soy lector perezoso.
Pero la idea fundamental la saqué de otra película, no recuerdo el título, para variar, donde salía un tipo que leía lo que pillaba, cualquier cosa, porque era capaz de encontrar gemas en cualquier parte, era capaz de entretenerse y, sobre todo, necesitaba el néctar de la lectura.

1 comentario:

Rafa dijo...

Sólo los desalmados no se han quedado leyendo alguna vez los periódicos que estaban en el suelo para fregar.