sin apenas salir de mi habitación

lo mejor de ser un niño es la capacidad para asombrarse de todo a cada momento, lo mejor de ser un niño grande es la capacidad de asombrarse con las cosas de siempre, así de sopetón, como si las hubiéramos olvidado.
fui a comprarme un par de libros para mis ratos de ocio y cáspita, 24 y 28 euros mis dos elecciones, así que decidí acercarme a la biblioteca, "¿estaría donde siempre?", pensé, "¿serviría mi viejo carnet?"
sí, estaba donde siempre. no, no servía el viejo carnet, con lo cual me tuve que hacer uno nuevo, pero redescubrí la biblioteca: te puedes llevar 7 ejemplares por 21 días y, dios mío, hay tebeos a porrillo (bueno, quien dice a porrillo, dice bastantes).
me llevé varios tebeos y varios libros de autores japoneses, para ser más concreto Oé y Murakami (más obvio no puedo ser).
al llegar a casa los dejé sobre la mesa, revisé el día de devolución, olí los ejemplares (huelen a gente, a dedos, a cafés y lamparitas de noche, huelen a cama y a sofá mullido) y empecé por los tebeos.
1.- Café Budapest de Alfonso Zapico. Chulismo, que dirían los críticos. Habla sobre judíos de Hungría que emigran a Palestina y cómo luego se fue convirtiendo en el conflicto que todos conocemos hoy (no en un país donde vive gente, sino en un lugar donde mueren personas).
2.- Shenzhen, de Guy Delisle, menos chulismo pero recomendable para leer, ver y comprender topicazos de China (vale la China de antes del fin del milenio, pero China a fin de cuentas).

ayer, sin querer pero queriendo a la vez, me fui a Hungría, a Palestina, a Jerusalén, a China y, gracias a mi hermanica y sus fotos, a Petra y Seichelles. Parafraseando a Baudelaire, sin salir de mi habitación.
estoy emocionado, ¿qué me deparará el día hoy?

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