Sonrisas de la risa

Cuando era un crío conocí a una chica que no paraba de sonreír. Debía tener 18 años y yo quizás 10.
No paraba de sonreír.
(Años después, en la adolescencia, descubrí cómo algunas personas sonríen sin motivo aparente. Luego les da hambre)
Lo importante es que era una chica que no paraba de sonreír, en la comida, en la cena, de camino a la ducha o mientras hablaba de cualquier cosa.
Daba gusto verla, sólo por eso. Era algo especial.
Pero un día las cosas se pusieron peliagudas, complicadas y se le borró la sonrisa de la cara. La complicación se la había buscado ella misma y de repente el mundo parecía estar en su contra (y repito, ella se lo habia buscado). Se le borró la sonrisa de la cara y mi último recuerdo es de una chica ni fea ni guapa con cara de palo.
La vida le dio un sopapo así a lo tonto porque ya no era una cría y de vez en cuando se comportaba como tal. No por la sonrisa.
Pero el caso es que cuando se quedó sin la risa en los labios pasó a ser una chica normal y corriente, sin nada que ofrecer.
Y a mí me dio que pensar.
Hasta hoy.

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