dotoría

El otro día recibí un correo de un amigo con quien hablo tres veces al año, más o menos. En una de sus frases me decía algo así: "Por eso todas nuestras rutinas se convierten en historias, cuentos y leyendas. El problema es que los banqueros se creen que todo este andamiaje ideológico se ha quedado anticuado, pero será la única cosa que quedará en pie". Y me lo decía a cuento de las declaraciones graciosas de Mario Monti (para quien no lo sepa el economista primer ministro de Italia) quien dijo que trabajar en una misma cosa durante toda la vida era un aburrimiento, "lo bonito es cambiar de puesto", dijo.
Cada cual puede opinar lo que quiera pero hay que tener cierta decencia y mucha vergüenza, así como un cuidado tremendo cuando se ocupa un puesto de poder.
Le han llovido tortas por todas partes pero estoy convencido de que ninguna le ha dejado marca.
Puedo hacer muchas referencias y comentarios al respecto del disparate que dijo, pero no lo haré, cada cual que juzgue y opine al respecto de por qué se cambia de trabajo, de si se puede cambiar de trabajo, o si es mejor el trabajo fijo de toda la vida o ir saltando de uno a otro.
Os contaré un secreto: cuando nació side show bob jr me preguntaron mi profesión y me quedé callado un instante. No era una pregunta trampa, no. De hecho, al contestar me sentí un impostor porque en pocos meses puedes cambiar de puesto y convertirte en un mentiroso sin querer.
Hay pocas cosas que haya modificado a lo largo de mi vida, soy de rutinas, y quiero suponer que la mayoría de la gente también. Me gusta la música, el café aguachado, el vino y la cerveza (aunque en microdosis), la literatura, me gusta R3 y el Mediterráneo, me gusta la sierra y llevar chanclas en invierno. Así hasta que nos cansemos. 
Pero sí hay decenas de cosas que he ido cambiando y han ido cambiando a mi alrededor.
Una de ellas son los trabajos. trabajo, trabajar, trabajo, esforzarse, ganar dinero, trabajo, echar horas, echar horas, echar horas, trabajar, tragar, trabajar.
Hablaba con mi amigo, en nuestra última conversación, de la importancia de trabajar en algo que te guste y te satisfaga, ¡qué complicado es! Hay personas que no se lo podrán permitir en su vida. Envidio a mi suegro cuando cada mañana, a pesar de estar jubilado, se va al campo porque es lo que le gusta, cada mañana, incluso ahora que nieva en la sierra.
Nuestras rutinas se convierten en nuestros cuentos y leyendas, en los que no hay cabida para tipos como el italiano que mencionaba anteriormente, ni él ni muchos que se parecen a él (aunque sé que a muchos de vosotros se os ocurre qué personajes podrían ser, claro).
Nuestro andamiaje ideológico (que no tiene nada que ver con los partidos políticos) no se ha quedado anticuado, se mantendrá en pie. Aunque tengamos que cambiar de trabajo cada pocos meses seguiré mirando con los mismos ojos, y seguiré llevando chanclas incluso en días como hoy.



(y si mis cimientos flaquean, tengo quien me soporte)

1 comentario:

M. dijo...

ay, el trabajo