Un premio millonario

Me ha llamado el Ayuntamiento de Villarrobledo que quiere hacerme hijo ilustre y ofrecerme una subvención de dos mil euros de por vida. Algo así como los sueldos del Nescafé.
Porque, dicen, soy tan bueno en lo que hago, que me merezco un reconocimiento a mi trayectoria.
Yo les he contestado que un momento, que me llamasen en diez minutos. No, no estaba en el servicio; tenía que preguntarle a mi mujer qué hacía.
Que sí, que sí, que en casa se hace lo que digo yo, después de pedir opinión a mi señora.
El caso es que llamó de nuevo el concejal y le dije que bueno, lo había pensado y no estaba mal, pero no me parecía correcto porque llevo ya más tiempo viviendo en Albacete del que pasé como un crío en Villarrobledo.
A lo cual el concejal me contestó que no había problemas, que me lo daban de cualquier manera.
Entonces le dije la verdad, que no quería una subvención de un gobierno de un signo político para que luego no vinieran a identificarme con ellos o me pidieran algo a cambio.
¡Uf!, contestó de nuevo el concejal; su repertodio era limitado.
Total, que dije que no, ¡Cómo iba a aceptar un sueldo de por vida por hacer lo que hago!
Pero les sugerí que con ese dinero público se podría, qué sé yo, hacer algo por los niños, por las estanterías de las bibliotecas, por los parques, calles, hospitales, escuelas.
El homenaje se iba a celebrar en la plaza Vieja
Y se cortó la comunicación, ¡malditos móviles!
Así que me he quedado sin el sueldo de Nescafé y mi señora dándome de collejas por tener esta mentalidad que roza la estupidez.
Entonces, con el dolor de cabeza collejil, me he puesto a darle vueltas, ¿en qué soy bueno?
Haciendo nudos zapateros.
Haciendo bizcochos.
Tosiendo sin salpicar.
Comiendo sin hacer ruido (uy, esto no)
Nadando en la piscina, no en la playa, que se mueve mucho.
Comiendo arroz.
Mirando tías en bolas en Internet.
Mirando tías en bolas en Internet.
Mirando tías en bolas en Internet.
Comiendo galletas, de las con azúcar y de las que no saben a nada.

La verdad, son buenas cosas para que a uno le den un premio, menos lo de comer haciendo ruido.

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