voluntariado

Lo que voy a escribir no os va a gustar a muchos, así que, avisados estais. Luego me tirais del moño.
¡No os hagais voluntarios!
¡No apoyéis el voluntariado!
No fomentéis el voluntariado.
Y lo digo yo que he sido voluntario muchos años y que de vez en cuando lo sigo siendo. Pero es un error de base y me explico.
Seguro que los más avispados recordaréis cómo se potenciaron las ONG y el mogollón de asociaciones nuevas que aparecieron hace unos años, en los 90. En la tele se reían del fenómeno y con razón. ¡Mogollón de subvenciones, mogollón de ayudas! Y qué divertidas las siglas.
Al trabajo gratis es al que dieron subvenciones y ayudas. Quizás con el contrato de un administrativo, algún que otro técnico y, sorpresa, sorpresa, decenas de voluntarios que hacen trabajo gratis.
A partir de aquí se les ofreció formación, formación al voluntariado, locales de ayuntamientos y fomento de los servicios sociales a través de estos programas de voluntariado. Y muchas de estas asociaciones, dentro de las buenas intenciones y el buen rollo de quien hace sin esperar a recibir, se metieron en créditos, locales de alquiler, equipos y alguna contratación (las menos) en base a proyectos subvencionados.
El lema era bien sencillo: otros pueden necesitar tu ayuda.
Y como muchos de nosotros somos personas de bien, ofrecimos gratis nuestro tiempo, nuestro trabajo, nuestro dinero en muchas ocasiones e hicimos muchas cosas buenas a cambio de sonrisas, agradecimiento y con suerte, un lugar más cómodo en el cielo.
Nada más.
¿Alguien recuerda en qué época se fomentó todo esto?
No seré yo quien lo diga.
Pero ahora se recupera esta tendencia. ¿No me digais que no habéis visto a Caritas o la Cruz Roja en la tele más de lo habitual? (Y no, no se reduce todo a que ahora den más apoyo a los españoles que a los extranjeros; no es que ahora las familias lo necesiten más que antes. Esto es además).
Y la jugada es bien sencilla, ¿qué resulta más barato, cuidar de las personas con discapacidad con trabajadores sociales, educadores, fisioterapeutas, centros homologados, maestros, entre otros; o/u ofrecer una subvención para que las asociaciones se encarguen de atraer voluntarios que hagan ese trabajo gratis?
Es fácil, ayudas como gotitas de agua, en vez de una planificación estatal en condiciones (que costaría dinero, sí, por supuesto. Pero uno, ofrecería un servicio que a la vista de la situación -no hay que ser un lumbreras- es más que necesario. Dos, daría trabajo a miles de personas. Y digo miles, no hago demagogia porque hay estudios al respecto que lo contrastan y ratifican).
Si las personas con discapacidad (léase personas mayores, inmigrantes, jóvenes, toxicómanos, prostitutas, personas dependientes, personas sin recursos, entre otros) reciben finalmente el servicio (sea como sea), el resto de personas no diremos nada. Lo que llamamos ir tirando.
Si no hay centros, si no hay profesionales formados y con experiencia, dará igual, porque habrá voluntarios que lo harán gratis (como yo he hecho un montón de veces) porque como nadie lo hace, como da lástima, como si no lo hago yo, no lo va a hacer nadie, como es una cuestión de caridad, como en los tiempos que corren hay que arrimar el hombro.

Logo sacado de Internet de un día I del V.
Claro, lo normal es que me exijais un "¿entonces qué, listo?". Sencillo, Gobierno local, Gobierno provincial, Gobierno regional, Gobierno estatal. Para esto los he/hermos elegido. (Venga, aguantaos la risa, que esto es serio).
Imaginaos un escenario donde ni Caritas, ni Cruz Roja, ni Asprona, ni decenas de asociaciones, ni miles de voluntarios hicieran lo que hacen de manera altruista, gratuita y desinteresada.
Imaginaos a los voluntarios pidiendo el salario mínimo interprofesional (por escaso que sea). Imaginaos a las familias de todos estos colectivos.

(El inconveniente es que siempre pueden más los buenos sentimientos y las buenas personas con sus buenas intenciones, que nuestra capacidad a exigir a gobernantes incapaces).

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