La responsabilidad del deportista

No es mi estilo hablar de fútbol porque no sé. Pero hoy es el día.
Me alegré de que España ganara los mundiales, cómo no, pero eso es otra cosa.
El sábado vi medio partido por cuestiones familiares y las teles son tan grandes que no puedes apartar la mirada. Buenas excusas y justificaciones.
Lo que vi no me gustó, puesto que, independientemente del espectáculo vi fanfarronería, zancadillas, golpes, escupitajos, insultos, odio en la cancha y en el público (incluso un señor levantando el paraguas para golpear a un jugador).
Y no es que esto no sea la vida misma, pero pensé en los miles, millones de chavales que ven el fútbol y se quedan encandilados con esta gente que es y se considera estrella del deporte.
Los chavales quieren ser futbolistas, inicialmente porque el deporte es así y da mucho gusto, pero luego porque se gana mucho dinero, te haces famoso, sales en la tele, te tiras a todas las chicas del mundo, te casas con modelos y conduces coches deportivos.
Quien diga lo contrario, que lo piense dos veces.
De ahí que toda esta gente debería ser mucho más responsable de lo que es: ¿se puede partir una pierna o partir un tobillo a un tipo porque quiere meter gol? ¿Se puede insultar una semana entera al equipo rival y a la afición para calentar y poner nerviosos a los jugadores? ¿Se puede escupir, insultar, amenazar en el oído -lejos de las cámaras de televisión- para que el rival juegue peor o se despiste?
Ésta es mi limitada visión del espectáculo y mi temor de que los niños aprendan estas cosas antes que lo que realmente se aprende del fútbol y del resto de deportes: compañerismo, participación, colaboración, trabajo en equipo, conocer gente, socializar, tener el cuerpo en forma, etcétera.
¿Por qué lo enumero?
Por si se le olvida a alguien.

3 comentarios:

Juan dijo...

Pues no es por joder a un padre preocupado, pero como maestro de EF ya te digo que es falso todo eso del espíritu deportivo. No existe, simplemente porque es incompatible con la competición,y eso es algo que no aprenden los chavales. es innato. Cuando se trata de ganar o perder, de competir -ya sea al fútbol o al parchís-, uno se vuelve marrullero de forma natural, instintiva. No es algo malo, pero hay que saber ponerle límites y circunscribirlo a la cancha.
El gran fracaso de la Educación Física radica en pretender que los deportes aportan valores positivos. No es así. Los juegos puede que sí, pero en el momento que éstos se sistematizan y se convierten en competición, no.

SSB dijo...

Vaya, Juan, me temo que no estamos de acuerdo. Yo no veo el deporte escolar y el deporte en general como tú lo ves.
Aunque das una buena pista diferenciando juego y competición.
Nada, saca el sable que nos liemos a mandobles.

Los Rocher por el mundo dijo...

Para seguir con el "vaya Juan", está claro que lo único que tenemos en común es que leemos el blog de Miguelin... Ya te digo yo que se puede correr y, muy bien, sin tener en mente llegar a meta.

Abrazos
Maeva