la señora simón se despierta con su habitual sonrisa matutina, su café habitual y un cigarro en los labios. se siente adolescente cada vez que fuma por las mañanas, sola, mirando por la ventana desde el cuarto piso de un edificio de un barrio al que nunca habría pensado acercarse cuando era tan joven que no tenía edad para los recuerdos. ahora es su barrio. «no debería fumar», piensa, los cigarros le saben dulces y calmantes. la vida no es dura, la vida es durísima a fin de cuentas para todo el mundo, no solo para ella. «espero que hoy no sea un día de mierda, como ayer, como la semana pasada. no puedo más» la señora simón pone la radio, la quita antes de los anuncios, antes de que suene siquiera algo de música. a veces le duele poner la radio, terminarse el café y sentir que ha perdido el tiempo escuchando anuncios de alarmas para su casa. «ya compré mi alarma, no necesito más…», piensa mientras escucha que le han pegado un tiro a un tipo que no conoce en un lugar que no con...