Los alicientes de la señora Johnson
Los pequeños alicientes facilitaron la sonrisa de la señora Johnson. Pequeños alicientes como mirarse los dedos de las dos manos, comprobar que el color de sus uñas era inadecuado al ánimo de aquella semana, o a la previsión del tiempo. Modificarlos. Los pequeños alicientes motivaron la sonrisa de la señora Johnson; como acariciar las pequeñas migas de pan que iban cayendo de las dos tostadas con aceite de oliva virgen extra, que caían sobre la bandeja de su desayuno, donde, además del plato brillante y de color azulón, colocaba una taza de té negro. Reunía las migas, las aplastaba con el dedo índice, las dejaba deslizarse sobre la taza vacía de té. Si quedaban migas en la bandeja, no suponía ningún problema. Si no quedaban migas en la bandeja, no suponía ningún problema. Era importante haber terminado la infusión. Los pequeños alicientes, como llevar la bandeja al fregadero, limpiarla con una bayeta húmeda. Fregar el plato con suavidad, fregar la taza con firmeza, porque...