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Los alicientes de la señora Johnson

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  Los pequeños alicientes facilitaron la sonrisa de la señora Johnson. Pequeños alicientes como mirarse los dedos de las dos manos, comprobar que el color de sus uñas era inadecuado al ánimo de aquella semana, o a la previsión del tiempo. Modificarlos. Los pequeños alicientes motivaron la sonrisa de la señora Johnson; como acariciar las pequeñas migas de pan que iban cayendo de las dos tostadas con aceite de oliva virgen extra, que caían sobre la bandeja de su desayuno, donde, además del plato brillante y de color azulón, colocaba una taza de té negro. Reunía las migas, las aplastaba con el dedo índice, las dejaba deslizarse sobre la taza vacía de té. Si quedaban migas en la bandeja, no suponía ningún problema. Si no quedaban migas en la bandeja, no suponía ningún problema. Era importante haber terminado la infusión. Los pequeños alicientes, como llevar la bandeja al fregadero, limpiarla con una bayeta húmeda. Fregar el plato con suavidad, fregar la taza con firmeza, porque...

las motivaciones de la señora simón

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  la señora simón se despierta con su habitual sonrisa matutina, su café habitual y un cigarro en los labios. se siente adolescente cada vez que fuma por las mañanas, sola, mirando por la ventana desde el cuarto piso de un edificio de un barrio al que nunca habría pensado acercarse cuando era tan joven que no tenía edad para los recuerdos. ahora es su barrio. «no debería fumar», piensa, los cigarros le saben dulces y calmantes. la vida no es dura, la vida es durísima a fin de cuentas para todo el mundo, no solo para ella. «espero que hoy no sea un día de mierda, como ayer, como la semana pasada. no puedo más» la señora simón pone la radio, la quita antes de los anuncios, antes de que suene siquiera algo de música. a veces le duele poner la radio, terminarse el café y sentir que ha perdido el tiempo escuchando anuncios de alarmas para su casa. «ya compré mi alarma, no necesito más…», piensa mientras escucha que le han pegado un tiro a un tipo que no conoce en un lugar que no con...

Una semana_Narraciones y textos

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Ladronzuelo, pequeño cuento de provincias

  Ladronzuelo Jamás basado en hechos reales Un ladrón, supongo que presunto, por guardarnos las legales espaldas, entró en una oficina de la calle Ancha, de esas que hay enfrente del Val General. Entró indignado, tan indignado como para poner una reclamación porque consideraba que alguien le había robado y, por supuesto, “un hombre no puede permitir que nadie se le mee encima”, dijo como para que su interlocutor, un joven imberbe con chaqueta barata del Springfield y pantalones de Zara, lo entendiera. Este secretario, con dos máster pero sin demasiado vello facial, observa cómo el ladronzuelo -conocido así por los numerosos casos que el bufete le ha llevado con anterioridad y por alguna condena judicial previa- escribe su reclamación con esmero en tres folios con membrete que el abogado administrativo le ha facilitado para tales lides.  Redacta con media lengua fuera y la pistola temblorosa en el cinto de su traje de vaquero del Oeste Americano (el de la provincia de Albacete,...

Como perros y gatos para ser uno más, como vosotros

 Quería ser como ellos, ¿es tan difícil entenderlo? Me pasé años viendo su televisión, escuchando sus canciones deseando su riqueza, su belleza rubia y azulada, sin grasa sin imperfecciones. Leía libros donde la vida era fácil, maravillosa mientras que a mi alrededor, puf, a mi alrededor todo era monótono, tradicional, lento. ¿Es tan difícil entender que quería sus bebidas azucaradas mientras paseaba con ellos por una calle repleta de ángeles sonrientes con dientes de porcelana? Quería probar sus zumos frente a un amanecer rosáceo, sus cereales de caramelo y sus risas encapsuladas. Miré el mapa, solo tenía que cruzar un océano azul en uno de aquellos aviones ultrasónicos. Quería tener dinero, mucho dinero, como ellos porque en mi lugar no había futuro, ni esperanzas ni riqueza fácil; construirse a uno mismo desde la nada, tener una mansión. Tener más dinero del que jamás pudiera gastar. Yo solo quería ser como ellos. Memoricé las respuestas: quiero ser como vosotros y no quiero mat...

El lado bueno de las cosas en la Feria de Albacete

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 un tipo persigue a mi hijo y a unos amigos con un cuchillo a la altura de mercadona cuando vuelven de la feria de albacete, una feria tranquila donde no suele pasar nada, salvo las chisperas, los casquetes en las esquinas, las indigestiones y las chisperas (¿lo he dicho ya?). te persigue un tipo con un cuchillo y te meas de risa, porque la feria es así: "muchacho, qué risa, casi nos destripa un flipado". y ya tienes una aventura nueva que contar, las carreras, los disparates que decía el borracho o el loco (a los efectos da igual si el cuchillo es largo y afilado), mientras preparas las aventuras del día siguiente. la gente de fuera no entiende estos 10 días de locura, intensidad, pasión por nuestra patrona (siempre me pregunto cómo quedarían las devociones culturales si elimináramos el componente festivo, alimenticio y bebeticio) y desmesura que, no olvidemos, luego nos obliga a seguir saliendo unas semanas más para que nuestra sangre vuelva a la normalidad etílico-coleste...

Enganchados 2. Fanzine de Miguel Ventayol de creación literaria, críticas de cine y narraciones cotidianas