las motivaciones de la señora simón

 


la señora simón se despierta con su habitual sonrisa matutina, su café habitual y un cigarro en los labios. se siente adolescente cada vez que fuma por las mañanas, sola, mirando por la ventana desde el cuarto piso de un edificio de un barrio al que nunca habría pensado acercarse cuando era tan joven que no tenía edad para los recuerdos. ahora es su barrio.

«no debería fumar», piensa, los cigarros le saben dulces y calmantes. la vida no es dura, la vida es durísima a fin de cuentas para todo el mundo, no solo para ella. «espero que hoy no sea un día de mierda, como ayer, como la semana pasada. no puedo más»

la señora simón pone la radio, la quita antes de los anuncios, antes de que suene siquiera algo de música. a veces le duele poner la radio, terminarse el café y sentir que ha perdido el tiempo escuchando anuncios de alarmas para su casa. «ya compré mi alarma, no necesito más…», piensa mientras escucha que le han pegado un tiro a un tipo que no conoce en un lugar que no conoce.

a sangre fría.

«no sé si soy mayor para toda esta mierda, o joven aún para pelear», piensa. escucha asesinatos a sangre fría, escucha insultos y gritos. el cigarro no se ha terminado todavía. le sabe dulce y calmante. «¿soy joven para pelear?, de boquilla, claro; no tengo ni valentía para liarme a tortas».

«¿boquilla? ¿he hecho un juego de palabras?» se ríe de sí misma. se da cuenta de que está sola desde hace mucho rato. la señora simón piensa en el señor simón, fue a trabajar hace una hora; se duchó sin ruido, se vistió sin ruido. se arrastró hacia la puerta, sin ruido, se puso sus botas de trabajo. se fue.

desayuna en el trabajo. 6 euros al día. por 5 días a la semana. trabaja un día casi en exclusiva para desayunar en el bar que está a la vuelta de su trabajo. el señor simón dice que preparan unos bocadillos estupendos. la señora simón no desayuna fuera de casa. a ella le gusta tomarse un café y fumarse un cigarro tranquila. en casa. en la oficina se prepara otro café con leche a media mañana. de la máquina. cápsulas del mercadona.

la señora simón no piensa en el dinero, de eso se encarga el señor simón; o no. «treinta euros son treinta euros, a fin de cuentas». un día lejano le dijo al señor Simón que deberían controlar esos gastos. el señor Simón le dijo que ella gastaba más en tabaco.

«no tengo fuerza para defenderme. jamás he creído en la violencia: jugar en el terreno de quien odia, golpea y mata conduce a odio, golpes y muerte». en estas ocasiones sonaba como su abuela. su abuela murió sin pelear. la señora simón no odiaba al señor simón, pero le dolía cuando, en vez de hablar, se defendía atacándola.

la señora simón mira el reloj del teléfono antes de que suene la alarma que le indica que debe salir de casa camino del trabajo. tarda catorce minutos en llegar, veinte si se cruza con su amiga esther, con quien suele hablar de los niños, de las niñas, del colegio, de los maestros, de las maestras. siempre dicen: «a ver si nos echamos un café». nunca se lo toman.

sale a la calle camino del trabajo, «no sé si soy mayor para esta mierda, o quizás toda esta violencia estaba ahí esperando desde el colegio, desde el instituto, desde el trabajo hasta que me echaron cuando me quedé embarazada de la niña simón; desde que entré en el otro trabajo y me callé, me callé, me callé; porque levantar la voz…no se me da bien». confía en cruzarse con su amiga Esther; confía en no cruzarse con nadie más. no le gusta saludar a la gente, no le gusta la gente que se para, la coge del brazo, le cuenta lo fantástica o terrible que es su vida: «demasiado mayor para esta mierda. mi vida también es una mierda y no lo voy contando a todo el que me cruzo en el altozano». no le gusta que la toquen, ni que le agarren del brazo.

la señora simón piensa en la comida, dejó preparados filetes empanados, arroz blanco tres delicias y cortó dos tomates y una cebolla para acompañar. si el señor simón viene con hambre, le cortará un poco de jamón serrano.

al llegar a casa, pondrá la mesa, recalentará la comida y llamará al señor Simón, llamará a niña Simón; que ya no es una niña, y comerán mientras la televisión pasa palabra.

«estoy mayor para esta mierda, pero, ¿qué puedo hacer si no sé hacer otra cosa? ¿qué puedo hacer si nunca he hecho nada más?».

sin darse cuenta aparecen las noticias: gritos, violencia, asesinatos, insultos. «son todos iguales», dice el señor simón. la señora simón no sabe a qué o quién se refiere en concreto.

su mujer se pregunta si será cierto, si todo el mundo será igual: ella, él, su niña -que ya no es una niña-.

en la cocina, colocando platos en el lavavajillas y fregando un par de sartenes, piensa que le apetece muchísimo un cigarrillo, pero no fumaría delante del señor simón ni de niña simón jamás. ha encendido la radio para tranquilizar y calmar su ansiedad repentina, suena música de cuando era tan joven que no había recuerdos. «estoy demasiado mayor para esta mierda. o quizás joven aún para mirar por la ventana y comprobar que, en realidad, no todos somos iguales».

ni de coña concluye carmen, mujer nacida en albacete, castilla-la mancha, españa.

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