Hoy no es el día de las personas con discapacidad

(Otra de esas entradas que no debería escribir porque alguno se va a enfadar conmigo)

Cada vez que hay un "Día de Algo" se me pone una mala leche que no puedo con ella y me acuerdo de mi madre (trabajadora por partida doble: casa y fuera) que el día de la Mujer Trabajadora insistía: "¿Qué ... hago el resto del año? ¿Tocarme el violón?". Ella lo dice con más rotundidad.
Ayer, amiguitos y amiguitas, día 3 de diciembre, fue el día internacional de las personas con discapacidad, ¡toma ya!
Día de las personas con discapacidad, es decir, de las personas que tienen una discapadidad, no una incapacidad; porque incapaces en España hay tantos que necesitaríamos un calendario diferente con 500 o 600 días.
Detallar la cantidad de personas que tienen una discapacidad en España ya lo habrán hecho los medios de comunicación masivos que habrán sacado foticos, algún olímpico, algún famoso o famosa con su calendario y su escote. Esas cosas tan vendibles por que, además, se acerca la Navidad y los corazones empiezan a enternecerse.

Hay cosas que se hacen y hay cosas
que se podrían hacer.
Hay personas y hay gente.
Hay personas con discapacidad y
hay personas incapaces.
¡Se me pone una mala leche que no me aguanto!
¿Acaso el que va en silla de ruedas sólo va en silla de ruedas hoy?
¿Acaso la familia que tiene a dos personas con discapacidad en casa las saca de la cama, las ducha, las viste, les prepara la comida, sólo hoy?
Sí, sí, la excusa del día de conmemoración, me lo sé. Pero por este sencillo hecho, por tener un día que conmemorar me reitero:  A LA MAYORÍA DE LA GENTE EL RESTO DEL AÑO LES IMPORTA UNA mrda.
Perdón por los tacos, es que me pone de mal humor la vena cariñosa y ñoña y publicitaria.
Una persona con discapacidad no necesita ñoñerías, necesita exactamente lo mismo que cualquier otra persona. En casos unas muletas, en casos, un apoyo, un perro lazarillo, una silla de ruedas, un profesor con habilidades concretas, o un simple rebaje en las aceras, o que el imbécil del coche no aparque ("son sólo cinco minutos") en él.
Una persona con discapacidad necesita un curro, sueldo a final de mes, tomarse una cerveza el finde, que le mire la chica o el chico que le gusta, que el libro termine bien, que la película no sea un tostón.
Me ponen de mal humor los días D y las horas H.
Me ponen de mal humor las medallas y los reconocimientos. Una simple manera de acallar a las personas de bien. Porque las personas de bien no pueden alzar la voz, so pena de escarnio.
(A pesar de que en algunos medios de comunicación hemos visto a las personas con discapacidad PROTESTAR en vez de CELEBRAR).
Porque una persona con discapacidad no le dirá al político de turno: "Lo que yo necesito es lo que el resto, no zarandajas, no palabras, no homenajes", porque si no, corre el riesgo de que luego te llamen en privado y te digan: "De las ayudas esas que habíamos hablado, cero, cero, cero, porque ZP era un incompetente y por la herencia recibida, y porque hay que sacrificarse, y porque no hay dinero". Ayudas que no salen del bolsillo del político de turno, sino de todos los que pagamos impuestos.
Porque una persona con discapacidad, o su padre, madre, hermano, tío, primo, no le dirá al político de turno: "No quiero ir al homenaje", sino que irá, pondrá cara de buena persona, se hará la foto y seguirá con su vida como el resto de 364 días, SIN QUE NADIE LES PRESTE LA MÍNIMA ATENCIÓN, salvo sus padres, madres, primos, sobrinos, cuidadores, amigos...
Ayer fue el día D y la hora H, pero yo, a las personas que conozco con discapacidad, les digo lo que siento y pienso, y las ayudo, como al resto de mis amigos: cuando me lo piden, cuando lo necesitan. No cuando me dice el calendario.
A las personas con discapacidad, porque a los incapaces no hay manera de ayudarlos.

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