Sin lágrimas ni posibilidad...
La
pega que tiene la cabeza es que piensa lo que quiere cuando quiere. Es como la
imaginación, se desborda de repente y luego se tranquiliza y no sirve para nada
nada de lo que hayas hecho, pensado, imaginado o inventado.
Con
los niños al lado se hace complicado mantener un ritmo equilibrado; saltas de
trampolín en trampolín sin agua en la piscina y sin lapicero para tomar notas
sobre sus genialidades.
Es febrero, un mes cruel para mi
familia. No sé cómo escribir sin desarticularme.
Para eso está Miguelo, SSB Jr.
Ayer mismo me dijo: «Ojalá pudiera
ser un bebé, así el tío Nacho estaría con nosotros».
Esa relación mental espontánea me
destrozó, tuve que sentarme. Pero él lo ve todo con tal naturalidad que siguió
hablando de superhéroes, de la piscina, de música, de hacer tareas o cenar un
sangüich. Y mi mente no tuvo tiempo de pensar en nada más, sino en seguir
hablando con él, jugando, peleando.
Piscinas sin agua.
Luego pensé qué cruel es la vida,
claro. Palabras, crueldad, injusticia, tiempo, juventud, infancia, odio, ira,
rabia, miedo, pesadillas, pesadillas, pesadillas, insomnio. Agotamiento.
—¿Papá? ¿Papá? ¿Me oyes? ¿Papá?
—Dime, dime —le contesto con los
ojos inundados.
—¿Quién ganaría una pelea, La
Antorcha Humana o Estela Plateada?
Nacho se lo pasaría bomba con
estas locuras.