los sonidos y los recuerdos, in memoriam
soy hombre de muchas palabras, pero
conozco pocas, así que repito las que sé, repito mucho mis anécdotas, repito
mis viajes a Granada o las Lagunas de Ruidera.
repito las historias, como aquella
de un 27 de febrero cuando empezaron a sonar los teléfonos.
sonó el primero de ellos, uno
blanco rectangular con un cable que se enrollaba y no dejaba llegar el
auricular a la oreja.
sonó y nos rompió el corazón y la
vida.
luego usé el teléfono para llamar a
agustín clemente, quería que me dijera: «miguel, no; se han equivocado». pero
me dijo que sí, que el teléfono tenía razón.
le pedí consejo y ayuda. me la dio.
usé el teléfono para pedir ayuda y
los teléfonos a los cuales llamé me dijeron: «lo que necesites, cuando lo
necesites».
lo hicieron y se lo agradecí, en
privado y en público: gente tan descortés y malencarada como sindicalistas y
políticos de Toledo o Bruselas.
gente turbia y ladrona que me ayudó.
el teléfono sonaba, llamó alfonso,
llamó alma, llamó encarna y llamó marcelo, nuestras conversaciones eran apenas
sollozos.
a algunos de ellos les obligaban a
contar la historia mientras yo la sufría.
hablé con raquel, una voz
encantadora desde onda cero, no quería preguntarme si me dolía, sabía que dolía.
me llamaron amigos periodistas,
gente ladrona, mentirosa y malencarada.
sonó el teléfono familiar y el teléfono
amigo.
llamó el alcalde de un pueblo
belga, llamó el cónsul, el embajador y un profesor universitario, llamó el
seguro y llamó la funeraria, llamaron personas que no conocía a preguntar si
necesitaba algo.
yo
o mi mujer.
mi mujer
o yo.
el teléfono no paró de sonar un día,
otro, un día, el siguiente, a deshoras, a destiempo.
y paró, sin querer, sin darnos
cuenta, dejando un hueco, un vacío tremendo que fuimos llenando con otros
sonidos, de la mejor manera que supimos.
hoy hace siete años, siete siglos,
siete vidas.
en memoria de nacho blázquez alejo,
el tipo que defendía a los periodistas amarillos.
27.02.2014