En mi cabeza, las buenas intenciones y los buenos propósitos comienzan en el mes de septiembre: se me ocurren cosas que hacer, proyectos que iniciar; locuras que olvidar. Una de las discusiones recurrentes con Fátima, que siempre gana ella, es que elija bien. Claro. Pues la mayor parte de los proyectos no me conducen a ninguna parte, por supuesto no gano nunca nada con ellos y, en ocasiones, incluso me llevo berrinches considerables que quedan sumergidos en la profundidad de mi falta de capacidad. Uno de estos proyectos, porque los otros son míos y solo míos, es retomar la escritura constante del blog; por varios motivos que tienen justificación. Uno de ellos es que, a pesar de las redes sociales, donde todo el mundo (casi, no puedo ser literal) comparte sus pensamientos, vacaciones o bañador nuevo, a mí no me alcanza para contar lo que me parece, lo que me interesa y quiero expresar en muchos momentos. A través de los poemas y los cuentos lo puedo hacer, pero mi capacidad editorial es...